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De bajo perfil
De bajo perfil
—¡Luna!, ¿podrías prestarme atención?
La chica estaba agitando los brazos como si intentara ahuyentar moscas.
—¡Este torposoplo no me deja en paz! ¡Aléjate, aléjate!
—¡Estoy intentando contarte algo importante! ¿Quieres tratar de comportarte como una pesona normal y concentrarte en mi por tan sólo cinco minutos?
Los terrenos de Hogwarts siempre habían sido un muy buen lugar para hablar con la Ravenclaw; todos estaban tan absortos en lo que hacían que nadie le prestaba atención a ellas. Ni siquiera el tener a Luna ofreciendo su singular expectáculo diario parecía distraerlos.
—Oh... díme, Ginny, ¿qué ocurre?—murmuró la chica, como si recién notara que la Gryffindor estaba a su lado desde hacía más de media hora.
Al verla dejar de agitar los brazos como una loca, Ginny retomó el hilo de la conversación.
—Y entonces... me besó —finalizó.
Los ojos de Luna se abrieron aún más de lo normal por el asombro, y acotó lo primero que se le vino a la mente, sin pensar.
—Debería estar realmente necesitado.
—¡Oye! —se ofendió Ginny, pero luego preguntó, curiosa—. ¿Por qué lo dices?
—Pues..., te besó allí, delante de toda la sala común en medio de una fiesta y después de que le dijeras "atrapé la snitch" —Luna apartó la vista de su amiga y la fijó en un diente de león que flotaba en el aire—. Sí, muy necesitado. Aunque hubiese sido mejor aguantarse para besarte en algún sitio más privado.
Ginny sonrió. La sinceridad de Luna podía llegar a ser tan desesperante como adorable.
—Fue perfecto sólo así —contestó ella, ampliando su sonrisa.
—¿Lo fue? —Luna suspiró soñadoramentemente mirando hacia ningún lugar en particular—. Debió sentirse hermoso besar a Harry.
—¿Disculpa? —preguntó Ginny, mirándola inquisidoramente.
—Bueno, no a Harry en particular. Es lindo, pero demasiado famoso para mi estilo —Ginny rodeó los ojos, desganada—. Prefiero a alguien de más bajo perfil.
—¿No estarás pensando en Ron, verdad? —Ginny levantó una ceja y Luna, al fin, se dignó a mirarla a los ojos—, porque él ya tiene marca registrada y no dice precisamente "Luna Lovegood".
La Ravenclaw no respodió, sino que alzó ambas cejas y, una vez más, fijó su mirada perdidamente soñadora en el horizonte enmarcado por el Lago Negro. Ginny, por su parte, se recostó sobre el cesped, pensativa.
—¡Ginny!, ¡Luna! ¿No han visto por casualidad a Trevor por aquí? —Neville irrumpió en la escena, agitado y con el cabello y las ropas muy desalineados—. ¡No sé dónde lo he dejado!
Luna pareció salir de su eterno letargo y Ginny creyó notar como la conexión volvía a su cerebro.
—¡Oh, Neville!, ¡qué sorpresa! —exclamó su amiga—. ¡Justamente estábamos hablando de ti!
Ginny la miró entre sorprendida y avergonzada por su declaración.
—«Bueno, definitivamente, no hablaba de Ron». —sonrió.
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