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Un buen golpe
Un buen golpe
—¡Ron! —gritó George furiosamente, al ver cómo la Quaffle se estrelló contra la cara de la cazadora—. ¡Eres un imbécil!
—Vamos —le dijo Fred, dispuesto a volar hasta donde se encontraba Katie Bell—. Con uno de nuestros dulces se le pasará.
Su gemelo no se hizo repetir la petición dos veces y se apresuró a escoltarlo. Una vez que ambos llegaron a su lado, Fred buscó en sus bolsillos y le tendió algo a la chica.
—Tómate esto —dijo él, meneando la mano para que ella agarrara la extraña, pequeña y morada cosa que le ofrecía—. Detendrá la hemorragia en cuestión de segundos.
—¿Estás bien, Katie? —preguntó George, algo precupado, mientras le examinaba el rostro salpicado de sangre.
—Sí, no es nada —aseguró ella al pasarse la manga de la túnica por la nariz, antes de meterse en la boca la cosa que Fred le había dado.
—Muy bien —gritó Angelina—, Fred y George, vayan a buscar sus bates y una Bludger. Ron, sube a los postes. Harry, suelta la Snitch cuando yo lo diga. Vamos a tirar al arco de Ron, evidentemente.
Después de unos cuantos minutos más de juego, Angelina volvió a detener la práctica para reprender una vez más la postura de Ron. Ya harto de escucharla quejarse, George desvió la mirada hacia Katie, quien, inexplicablemente, seguía chorreando sangre por la nariz y ya había enchastrado toda su túnica.
—¡Mírala, Fred! —le gritó George a su gemelo, sorprendido de que la hemorragia aún no hubiera cesado.
—Y tú Katie —continuó Angelina sin haber oído el grito de George—, ¿no puedes hacer nada con esa nariz?
—¡Cada vez está peor! —se lamentó la chica con voz pastosa mientras intentaba contener el chorro de sangre con su túnica.
—¿Qué le diste, idiota? —murmuró George entre dientes para que sólo llegara a escucharlo su gemelo.
—¡El antídoto!, ¡estoy seguro! —Fred sacó de sus bolsillos uno de los caramelos color morado y lo examinó. Cuando se dió cuenta del error, su cara se cubrió de pánico y miró con terror a Katie y a George alternadamente.
—Le di un saltaclases... —murmuró incrédulo—. ¡Le di un saltaclases de prueba!
—Eres un imbécil —murmuró su gemelo, mirando culpablemente a la chica. Segundos después, el rostro de Katie se tornó bruscamente pálido como una hoja de papel, siendo la única señal de color las manchas ensangrentadas que cubrían parte de su rostro y la totalidad de su túnica—. ¡Se va a desangrar! —espetó, justo en el instante en que sonó el silbato.
Los gemelos volaron a toda velocidad hacia Katie y apenas llegaron a ella, George le dirigió una mirada escrutadora a su hermano.
—Hay que llevarla a la enfermería —decidió Angelina.
—La llevamos nosotros —se ofreció Fred—. Es posible que... se haya tragado un manantial de sangre por equivocación...
—¿Puedes sostenerte? —le preguntó George a Katie.
Sin esperar una respuesta, pasó una mano por debajo de su hombro mientras con el otro se sostenía de su escoba. Fred imitó los pasos del otro lado de la chica.
—Eso creo —contestó ella.
—Bueno, agárrate fuerte —le dijo Fred.
Los tres chicos iniciaron vuelo lidiando entre velocidad y lentitud, ya que Fred quería llegar lo más rápidamente posible al castillo mientras que George iba frenándolo para cuidar del estado de Katie. Apenas llevado un instante de vuelo, George sintió que la postura de su compañera se había aflojado y amenazaba con perder el equilibrio.
—¡Katie, ponte derecha! —espetó el chico, intentando no perder el equilibrio él también debido al peso extra que ahora sentía—. ¡Katie!
—¡Se desmayó, estúpido! —gritó Fred, exasperado—. ¡Sostén la escoba que a ella la llevo yo! —ordenó mientras pasaba a Katie a su propia escoba para llevarla al castillo—. ¡Te dije que debíamos apurarnos!
...
Una vez que aterrizaron en los jardines de Hogwarts, en vez de llevarla a la enfermería, Fred y George se dirigieron hacia uno de los rincones más alejados para atender a la chica.
—Será mejor que vaya por el verdadero antídoto —se burló George al dejar la escoba de Katie a un lado, dispuesto a correr hacia la sala común.
—¡No te olvides de sellar el baúl cuando lo saques! —gritó Fred, pensando que hubiese sido mucho más fácil atraer el objeto con un hechizo convocador si no fuera por el contrahechizo que le habían puesto al baúl donde guardaban sus sortilegios, evitando así que los demás alumnos los convocaran gratuitamente.
Al instante, se apartó de esos pensamientos para dedicarse a observar a Katie. La chica estaba recostada al lado suyo y tenía el rostro encostrado con sangre y barro, mientras nueva sangre fresca se desprendía violentamente de su nariz. Intentando contener la hemorragia el mayor tiempo posible hasta que regresara George, Fred tapó con la manga de su propia túnica la pequeña nariz de ella y procuró abrirle un poco la boca para que Katie pudiera respirar.
Estando tan cerca de su rostro, Fred sonrió de lado y se sonrojó un poco al poder delinear tan detalladamente el rostro de la chica. Nunca se había fijado, pero Katie era una chica bastante bonita. Demasiado bonita, en realidad. Incluso aún estando toda embarrada y con la sangre escurriéndosele de tal forma por la nariz que ya le había empapado por completo su mano y su túnica.
—«Te me habías estado escondiendo» —pensó, sonriendo aún más.
—¡Aquí, Fred! —lo llamó su gemelo al acercársele—. Toma —dijo cuando le lanzó un pequeño estuche beige con varias pastillas dentro.
—¡Ya era hora! —contestó él, antes de sacar uno de los simil dulces y meterlo dentro de la boca de Katie.
—¿Reacciona? —preguntó George una vez que llegó donde el gemelo, impaciente.
—Aún no —contestó Fred. Observándola finamente, volvió a retomar los últimos pensamientos que había tenido antes de que su hermano lo interrumpiera—. ¿Sabes? No me había dado cuenta, pero... es muy linda —le dijo sin poder evitar formar una sonrisa.
—Fred, está toda cubierta de sangre —acotó su gemelo, haciendo una gesto de asco.
—¡No me refiero a ahora, imbécil! —replicó, algo divertido—. Ya sabes... —continuó él, volviendo la mirada hacia la chica, quien parecía comenzar a recobrar el sentido—, Katie es una chica muy linda —dijo, más para sí mismo que para su gemelo.
—Gracias... —susurró débilmente la chica una vez que logró reaccionar. Fred apartó la mano de su nariz al notar que la hemorragia había cesado, y Katie se enderezó antes de escupir la sangre que le había quedado en la boca—. Que asco —murmuró con la voz aún algo pastosa.
Sin previo aviso, George sacó su varita y la apuntó al rostro de Katie.
—Tergeo —espetó. Al instante, la sangre encostrada en el rostro de la chica fue absorvida rápidamente y le dejó la cara completamente limpia. Ante la mirada interrogante de Fred y después de haber analizado a Katie por unos segundos, George sentenció:—. Sí, muy linda —dijo, antes de girar para volver al castillo dejando a ambos chicos solos.
—¿No irás con él? —acotó Katie, buscando su propia varita por entre su túnica—. Ya puedo sola, no te preocupes —dijo algo nerviosa, sin poder encontrarla.
—No —respondió Fred, mirando cómo su gemelo se alejaba cada vez más—, a no ser que tú quieras que me vaya —agregó, espectante.
Katie se puso aún más nerviosa, pero dejó de buscar la varita y elevó la mirada a Fred.
—Prefiero que te quedes —dijo, bajando un poco el tono de voz—. Y Fred... —agregó, dudando si debía continuar la frase o no.
—¿Sí? —preguntó él.
—Tú también eres muy lindo —murmuró Katie, y al instante sintió como sus mejillas recuperaban el color que habían perdido minutos antes.
—Eso facilita las cosas —sonrió, alegrándose de no haber seguido esta vez a George.