Ficha Técnica

Resumen: Harry Potter no convivió con los Weasley durante su infancia. Ni siquiera lo hizo durante el tiempo que pasó en el colegio, ya que sólo compartían juntos algunas que otras vacaciones. Y mucho menos, Harry jamás estuvo metido en todas y cada una de sus conversaciones, peleas, secretos, amores, sonrisas, declaraciones, lágrimas, ni caprichos. ¡Es que eran demasiados! ¡¿Cómo podemos pretender que sepa todo lo que pasó por sus cabezas si ni siquiera sabía en su totalidad lo que pensaba su mejor amigo?! Rowling nos hizo perder muchos hermosos momentos de esta singular familia, y por eso es que quiero saber. Quiero saber de sus travesuras, de su felicidad y de su dolor. Mucho más de sus travesuras, en realidad... Pero voy a escribir a modo de drabbles y one-shots, pequeñas y no tan pequeñas viñetas acerca la vida diaria de estos adorables pecosos. Porque estoy segura que no debe ser nada fácil ser un Weasley.

Parejas: Todas las parejas canon, aunque pueden llegar a encontrar algúna que otra conquista de la que Harry jamás se enteró.

Temporalidad: Preferentemente, la generación de Harry Potter. Sin embargo, puede que escriba alguna acerca de la Nueva Generación y de la Anterior.

Clasificación: La clasificación irá variando a medida que los shots cambien. No puedo asegurar que la historia no se moverá de K a T para caer en un K+, llegar a M, pegar un salto increíble hasta B y terminar nadie sabe cómo en un R. No... Aunque creo que en esta historia no pondré nada de ranking M. No estoy segura todavía, por eso los dejo en un cómo PG-13. Si sube, lo aviso en el capítulo.

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Cobertizo

7
¡No quiero ver!



Hacía bastante tiempo que la familia había reformado el cobertizo, ordenando todos los cachivaches del Sr. Weasley y poniendo unas agradables lámparas de aceite y un sillón algo destartalado para hacer más agradable el trabajo en él. Sin embargo, cuando no había nadie en casa, ese aún antiestético sitio era constantemente visitado por las parejitas que la habitaban cuando buscaban algo de privacidad. Obviamente, utilizando uno de los tantos genialmente increíbles inventos de Sortilegios Weasley -un adaptador de ambientes a medida-, lograban darle un increíble mejor aspecto del que gozaba. El espacio se inundaba de un agradable aroma a rosas silvestres y el decorando cambiaba al instante, dependiendo de lo que se buscaba admirar. Los gemelos habíantenido esa idea en mente desde el momento en que descubrieron la Sala de los Requerimientos, pero recién después de varios años e intentos -y con la ayuda de Ron como conejillo de Indias-, dieron con un hechizo bastante adecuado para el objetivo. No duraba más de tres horas antes de que comenzara a flaquear, pero para el caso, funcionaba. Claro que no iban a venderlo. Ese producto era aún un proyecto en prueba y reservado para uso privado de toda la familia... con exepción de Molly y Arthur Weasley, claro está. Con cuatro adolescentes revoloteando por la casa con las hormonas en auge, no era muy conveniente que supieran la existencia de tal artículo. Arruinaría muchos planes.

...

—¡Escóndete!

—Pero... —Ginny no tuvo tiempo de completar la queja ya que una mano le había cubierto la boca y otra la empujaba dentro del viejo armario que reposaba en aquel cobertizo—. —¿Se puede saber que dem...?

—¡Shhh! —Volvieron a cubrirle la boca—. ¡Cállate y escucha!

Silencio.

—¡Ay! —Harry pegó un grito ahogado—. ¿Por qué hiciste eso? —susurró, algo ofendido mientras se tocaba la mano que Ginny le acababa de morder.

—¡Para que me sueltes y me expliques por qué me metiste aquí!

Justo cuando el muchacho estaba por contestarle, la puerta del cobertizo se abrió de par en par dejando entrar a una fuerte ventisca de nieve y a dos chicos exageradamente abrigados.

—¡Pero si sólo son Ron y Hermione!

—¡Merlín, Ginny!, ¡no hables tan fuerte! —suplicó él en un grito susurrante.

—¡Qué frío terrible hace este Fin de año! —comentó la castaña a la vez que comenzaba a sacarse su gorro, bufanda, campera y dos jerseys Weasley con una gran H rosada en el centro. Ron ya se había desprendido de todas las molestas prendas que lo habían transformado en una enorme bola de lana y, ahora que sólo vestía una extraña y desgastada remera naranja de los Chudley Cannons, se dispuso a cerrar todas las puertas y ventanas que daban al jardín. Se extrañó de encontrarse con el ambiente del lugar un tanto a tono, pero no le prestó demasiada atención. Otras cosas ocupaban su mente en ese momento.

—Oh, no... —murmuró Ginny, algo preocupada, al ver que su hermano avanzaba hacia Hermione—. ¿Han venido a lo que yo creo que han venido?

—Pues eso parece —contestó Harry con una gran mueca de asco dibujándose en su rostro.

—Adoro esa remera...

—¿Sí? —Ron se acercó peligrosamente a la castaña y comenzó a acariciarle suavemente el cabello—. Hubiese jurado que te gustaba más lo que hay debajo de ella...

—¡Merlín! ¡Harry tenemos que salir ya antes de que empiecen con nosotros aquí adentro!

—¿Estás loca? ¡Tú estás medio desnuda y yo ni sé dónde metí mi pantalón!

—¿Es que tienes ganas de ver el espectáculo que están por montar ahí afuera?

—¡¡Ron me va a matar!!

—Necesitaba estar un rato contigo... a solas. Te extrañé tanto, Ron...

Ron y Hermione ya habían comenzado a besarse tiernamente, pero poco a poco fueron aumentando la intensidad de los besos y se tornaron un tanto desesperados. La otra pareja, mientras tanto, podía observarlos desde una gran rajadura que tenía el viejo armario a lo largo, y Harry rogaba porque aquellos dos no la notaran.

—¡Que asco, por favor!

Ginny parecía a punto de vomitar, aunque Harry no mostraba mejor aspecto.

—¡Te dije que le echaras un hechizo a la puerta por si venía alguien! —le recriminó él, al estar obligado a ver y escuchar a sus mejores amigos dar suaves gemidos ahogados.

—¿Yo? ¡¿Y por qué no se lo echaste tú?!

Ron lentamente fue recostándose sobre un sillón de un considerable buen estado, mientras Hermione se sacaba sensualmente la única remera que le quedaba puesta.

—¡Ginny, tápame los ojos! ¡¡No puedo cubrirme las dos cosas al mismo tiempo!! —gritó en un susurro, mientras apretaba con fuerza sus oídos para no oír el ruido a besos y pequeños gemidos que provenían del otro lado del armario.

—¡Claro que no! ¡¿Quien tapará los míos?!

—¡Oh, no! ¡Ginny, mira!

—¡Ay! —Ron se revolvió en el sillón y sacó un objeto que había debajo de él—. ¿Que es esto?

Harry histéricamente apretó a Ginny fuertemente del brazo y señaló lo que el pelirrojo y la castaña miraban dubitativos.

—¡Ginny! —susuró—, ¡ese es mi cinturón!

¡PUM!

De repente, un fuerte estruendo resonó en los jardines de la casa provocando el susto de los cuatro adolescentes que se hallaban ocultos en el cobertizo.

—¿Qué fue eso? —le murmuró el chico de ojos verdes a Ginny.

—¡Ron, llegaron tus padres! ¡Tenemos que salir de aquí ya! —gritó Hermione, con el corazón palpitándole a mil por hora.

—¡Pero dijeron que venían dentro de tres horas! —contestó el pelirrojo, irritado y exaltado por la inesperada interrupción.

—¡Pues se arrepintieron, porque acaban de llegar! —respondió ella, mientras ambos se vistieron lo más rápido que le daban las manos—. ¡Tu papá acaba de estrellar el nuevo Ford Anglia contra la casa!

—¡Rápido, rápido!

Ron y Hermione agarraron alborotadamente el resto de la ropa que no llegaron a ponerse y salieron corriendo rumbo a la puerta trasera de la Madriguera, a medio vestir, Ron en cuero y Hermione con un zapato puesto y otro en la mano.

—¡Al fin se fueron! —suspiró Ginny, a la vez que salía del incómodo armario en dónde habían estado ocultos—. Estos dos se van a agarrar un resfrío terrible, acuérdate de lo que te digo...

La pelirroja se dispuso a buscar la ropa de ambos para poder así seguir a su hermano y mejor amiga hacia el interior de la casa. Después pensaría en la excusa que tendría que inventar para con sus padres.

—¡No puedo creerlo! Mira que descarados, venir aquí para satisfacer sus necesidades sexuales...

—Harry...

—Sí, tienes razón; nosotros hicimos lo mismo, ¡pero al menos hubiesen tenido la decencia de fijarse si había alguien más aquí dentro antes de... de comenzar!

—Harry...

—¡Imagínate si hubiesen seguido con nosotros ahí, escuchando! ¡Que horror, Merlín! —La chica trataba de hablar pero Harry estaba demasiado metido en sus propios pensamientos—. Suerte que llegaron tus padres... ¡Ginny! ¡¿Cómo vamos a meternos en la casa sin que se den cuenta tus padres?!

—¡Harry!

—¡¿O Ron?!

—¡HARRY!

—¡¿QUÉ?!

—¡¡Tenemos problemas más grandes que ese ahora!!

—¿Más grandes? ¡¿Qué problema podría ser más grande, Ginny?!

—Pues no lo sé, tal vez... ¡que Ron y Hermione se hayan llevado toda nuestra ropa!

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