Ficha Técnica

Resumen: Harry Potter no convivió con los Weasley durante su infancia. Ni siquiera lo hizo durante el tiempo que pasó en el colegio, ya que sólo compartían juntos algunas que otras vacaciones. Y mucho menos, Harry jamás estuvo metido en todas y cada una de sus conversaciones, peleas, secretos, amores, sonrisas, declaraciones, lágrimas, ni caprichos. ¡Es que eran demasiados! ¡¿Cómo podemos pretender que sepa todo lo que pasó por sus cabezas si ni siquiera sabía en su totalidad lo que pensaba su mejor amigo?! Rowling nos hizo perder muchos hermosos momentos de esta singular familia, y por eso es que quiero saber. Quiero saber de sus travesuras, de su felicidad y de su dolor. Mucho más de sus travesuras, en realidad... Pero voy a escribir a modo de drabbles y one-shots, pequeñas y no tan pequeñas viñetas acerca la vida diaria de estos adorables pecosos. Porque estoy segura que no debe ser nada fácil ser un Weasley.

Parejas: Todas las parejas canon, aunque pueden llegar a encontrar algúna que otra conquista de la que Harry jamás se enteró.

Temporalidad: Preferentemente, la generación de Harry Potter. Sin embargo, puede que escriba alguna acerca de la Nueva Generación y de la Anterior.

Clasificación: La clasificación irá variando a medida que los shots cambien. No puedo asegurar que la historia no se moverá de K a T para caer en un K+, llegar a M, pegar un salto increíble hasta B y terminar nadie sabe cómo en un R. No... Aunque creo que en esta historia no pondré nada de ranking M. No estoy segura todavía, por eso los dejo en un cómo PG-13. Si sube, lo aviso en el capítulo.

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Legerimancia

3
¡No tiene nada que ver con él!



—¡Madre santa! —Ginny se dio media vuelta y se tapó el rostro con las sábanas, furiosa—. ¡Te digo y te repito que me dejes dormir!

—¡Por favor, Ginny!, ¡sólo cinco minutos más!

—¡Quiero dormir! —gruñó ella, arrastrando las palabras y con la cabeza enteramente enterrada en la almohada.

—Pero en serio necesito de tu ayuda... —protestó su compañera—. ¡No puedo practicar yo sola!

—Hermione, llevamos haciendo esto toda la semana... Te prometo que mañana te ayudo, pero ahora, ¡¡déjame dormir!!

La castaña bufó por lo bajo y contuvo un pequeño grito de desesperación antes de continuar. Ginny le daba la espalda, harta de tener esa conversación todas las noches desde que aquella había llegado a La Madriguera.

—Sabes que realmente necesito aprender legerimancia. ¡Tan sólo te pido cinco minutos más! —suplicó Hermione, mientras se arrodillaba al pie de la cama.

—Sinceramente, no sé para que pierdes el tiempo con todo esto...

—¿Qué quieres decir? —preguntó desorientada.

Ginny se enderezó en su cama, exasperada, y comenzó a enumerar con los dedos de las manos.

—Uno: no tienes ni idea de cómo se practica legerimancia.

—¡Eso no es cierto! Es más, el otro día... —Hermione intentó interrumpir pero Ginny hizo oídos sordos a su comentario.

—Dos: no es necesario aprender legerimancia para darse cuenta de que Ron está loco por ti. ¡¡No me interrumpas!! Y tres: ¡QUIERO DORMIR!

Ginny volvió a darle la espalda a su amiga, murmurado posiblemente algunos insultos inaudibles, a la vez que Hermione fruncía tanto el ceño, que adoptaba un gesto más que intimidante, gracioso. Pasados unos segundos, la castaña decidió que no se iba a dar por vencida, por lo que se levantó atolondradamente de su cama (de lo brusca que fue, se había quedado enredada en su cubrecama y cayó al suelo provocando las risas de su compañera), llegó hasta la cama de Ginny, arrancó las sábanas que la cubrían de un tirón y las arrojó lo más lejos que pudo.

—¡Oye!

—¡No es por Ron que quiero aprender! ¡Es por Harry!

—Sí, claro, Hermione —La chica pegó un gran bostezo—. Lo que tú digas...

—¡Tengo que asegurarme de que Harry síhaya cerrado la conexión con Ya-sabes-quién!

Hermione se había alterado tanto que todo su cabello —hasta entonces prolijamente recojido en dos trenzas— se encrespó tanto que terminó aún más despeinada que de costumbre.

—¿En serio? ¡Pero que idiota soy! —acotó Ginny sarcásticamente—. ¡Por un momento hubiera jurado que querías entrar en la mente de Ron para averiguar dónde tiene tatuado ese micropuff!

—¡Oh, por favor! No soy ninguna idiota, sé perfectamente que eso no es más que una mentira tuya... —afirmó confiadamente, pero después de un gran silencio incómodo, agregó:—. ¿Verdad?

Ginny no pudo evitar una sonora carcajada, por lo que Hermione se lanzó hacia ella para taparle la boca con las manos.

—¡Shh! ¡Que no quiero que despierten! —Las chicas guardaron silencio y miraron espectantes hacia el techo, justo donde estaba la habitación de los gemelos—. ¡Odio esas malditas orejas extensibles!

Después de unos momentos, Ginny retiró la mano de Hermione de su boca y luego se acomodó en la cama, algo divertida.

—Ay, Hermione —dijo ella, generando una enorme sonrisa—. Está bien, tú ganas. Te permitiré usarme como rata de laboratorio por cinco minutos más... sólo si me haces un favor.

A su compañera enseguida se le borró el gesto de alegría y acotó elevando una ceja, desconfiada: —¿Qué favor?

—Nada muy complicado... —comenzó—. Si es que alguna vez logras entrar en la mente de Harry, cosa que no creo... —Hermione arqueó aún más pronunciadamente su ceja, pero Ginny agregó adoptando un gesto de exagerada tristeza—. ¿Me dirías si se olvidó de mí?

Hermione ablandó su rostro y, sentándose a su lado, la miró con ternura casi maternal.

—Ginny..., ¿cómo puedes siquiera pensar que Harry te ha olvidado? Aún no pasan ni dos meses desde que terminaron, y las dos sabemos muy bien que él hizo lo que hizo para protegerte. Él te ama...

Ginny se pasó una mano por su cabello y soltó una risita nerviosa.

—Sí, claro... Deja, no importa —dijo no muy convencida, aunque aparentándose perfectamente bien—. No me hagas caso.

Hermione la miró interrogante, pero al obtener una pequeña sonrisa como respuesta, se tranquilizó y comenzó a levantarse, cuando una mano la detuvo.

—Aunque ya que estamos... —añadió Ginny, perspicaz—, no creará ningún problema averiguar que recuerdos tiene con Cho...

—Ginny, de ninguna manera voy a...

—Y de paso practicas para chequear qué recuerdos tiene Ron con Lavender... —interrumpió incitadoramente, dándole una mirada traviesa.

Hermione se dispuso a replicar, pero luego asintió con la cabeza.

—De acuerdo. Estoy segura de que no pasó nada con Cho más que el beso que te dije, aunque te prometo que indagaré sobre ese tema. Pero que quede claro que sólo lo voy a hacer porque eres mi amiga y te aprecio demasiado. ¡No tiene nada que ver con Ron!

Ginny sonrió, pícara y satisfecha.

—Lo que tú digas, Hermione... Nada que ver con Ron.

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