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Es sólo una cuestión de edad
Es sólo una cuestión de edad
—¿Y bien?
—Y bien, ¿qué?
—¿No tienes nada que decirme?
George dudó.
—Mmm... no. Nada.
—¡George!
—¡Oh, sí! Ni se te ocurra volver a dejar alguno de tus calzoncillos sucios arriba de mi cama.
—Oh, por favor..., ¡deja de bromear!
—¡Pero si no estoy bromeando! Tenías que verme la cara de asco cuando arrojé uno por la ventana.
—¡Merlín, George! ¡Estoy hablando en serio!
—¿Y a mi qué? ¿Qué quieres, que te invente algo?
—No; quiero que me digas quién es.
—¿Quién es quién?
—Me estoy hartando de este jueguito. Te recuerdo que estás hablando conmigo y no con el estúpido de Ron... Yo sí me doy cuenta de las cosas —contestó Fred, cruzándose de brazos—. Te oí ayer a la madrugada cuando salías a la calle.
George no levantó la vista, sólo se limitó a sonreír de lado pícaramente, como quien recuerda alguna travesura.
—¡¿Y?! —Fred ya casi estaba a punto de pegarle un puñetazo en medio de la cara.
—Y nada. Tenía ganas de caminar y me escapé hacia Hogwarts. Después bajé a la cocina y los elfos domésticos me mimaran un poco —Volvió a sonreír juguetonamente.
—Así que te mimaron... —Fred le devolvió la sonrisa y elevó una ceja—... los elfos...
George sonrió abiertamente y levantó la vista hacia Fred, quién lo miraba entre travieso, espectante y resentido porque su hermano no se dignaba a contarle nada más. Después de unos segundos sin saber qué decir, George al fin accedió a responder .
—¿Qué? No me digas que te vas a poner celoso... —El pelirrojo posó una mano sobre el hombro de Fred y lo acarició suavemente. Mirándolo a los ojos, concluyó, divertido:—. Descuida, tú siempre serás mi preferida.
—Sí, claro —repuso Fred, afinando la voz y fingiéndose terriblemente ofendido—. ¡Seguro que a todas les dices lo mismo!
—¿Fred?, ¿George?
Una potente voz femenina interrumpió sus risas y los gemelos voltearon al mismo tiempo para afrontarla. Hacía rato que los clientes se habían marchado de la tienda, por lo que creyeron estar solos dentro de la comodidad de su nuevo hogar. Al verla, George se quedó helado como quien se encuentra con el único testigo de alguna fechoría en la que se sabe culpable. La miró desafiante.
—«No lo hará—pensó él, nerviosamente—. No puede, me lo prometió».
—¿Sí, Johnson? —preguntó Fred.
—Te he dicho mil veces que no me llames así.
Fred rió. George continuaba inquieto.
—Creo que con unas mil veces más bastará para que se me grabe —contestó Fred, divertido.
—Como sea —se rindió ella—, Verity me dejó pasar. Sólo vine a saludarlos; hacía tiempo que no los veía. ¿Cómo están?
—Mejor, imposible. No tenemos tiempo para hacer nada más que trabajar, pero eso no importa ahora... Somos los gemelos Weasley, ¿recuerdas?
—Como si pudiera olvidarlo.... —respondió ella con una sonrisa que luego se volvió algo maliciosa—. Pero me alegro que les esté yendo tan bien y que estén tan ocupados con sus sortilegios Weasley.
George cambió de expresión velozmente al captar perfectamente la indirecta y se dispuso a prostestar, pero luego prefirió no hablar más que lo necesario.
—Sí; tan ocupados que ya estabamos por cerrar —dijo él, en vez de exponer sus verdaderos pensamientos—. Termina tú todo, Fred. Yo me voy arriba a dormir un poco.
Su gemelo fue categórico.
—¡Ah, no! ¡De ésta no te salvas! ¡Me vas a decir quién era ya mismo o te lo saco con un Mocomurciélago!
—No creo que eso vaya a ser necesario... —agregó Angelina, acercándose hacia los dos hermanos y gozando del momento.
—«¡Maldita sea! No, no... no sería capaz. ¡Lo prometió!» —George sudaba tanto que tenía la camiseta totalmente empapada, y el pelo se le pegaba a la frente.
—¿Estás bien, George? —preguntó ella sarcásticamente.
—Sí, gracias —respondió él entre dientres.
—Bueno, me alegro entonces —Angelina se dirigió hacia la salida y amagó a irse, pero se detuvo a medio camino y volteó a verlos una vez más, con una enorme sonrisa en el rostro—. Ah, por cierto, casi lo olvido. Hoy me encontré a Demelza durante su visita a Hodsmeage y te envía saludos, George... Dice que jamás la había pasado mejor en su vida.
Y dicho esto, la mejor amiga de los chicos y ex Gryffindor salió de la tienda, riendo silenciosamente.
—¿Demelza? —preguntó Fred, algo desorientado—. ¿Demelza Robins?
Silencio.
—¡Eres un abusador! —Fred trató de contener la risa—. ¡Ella todavía sigue en el colegio, depravado!
—¡Oye, que no hice nada que ella no quisiera! —se defendió George.
—¡Ja! —espetó Fred, triunfante—. Ya sabía yo que andabas en algo raro. ¡Me habías dicho que ibas a esperar hasta que ella terminara la escuela, mentiroso! No es la primera vez que la ves, ¿o sí? —Su hermano le contestó sonriendo pícaramente—. ¡George abusador de menores!, ¡¿quién diría?!
—¡No es tan pequeña! Tiene ya sus bien plantados quince años. Además sólo... pasamos un buen rato.
—Sí, claro. Me imagino —agregó Fred, sarcásticamente—. Aunque no entiendo porque no me querías decir nada...
—¡Era un secreto! —se lamentó George— Ella me pidió que no dijera nada y... bueno... ¡Pero Angelina es tan entrometida que no pudo callarse ni medio día!
—Así que ella los vio... —acotó su hermano, entendiendo un poco la actitud entre divertida e irritada de Angelina—. Aunque a decir verdad, creí que era ella con quien salías a escondidas.
George abrió los ojos exageradamente, sin entender muy bien lo que Fred le acababa de decir.
—¿Y por qué pensaste eso? —preguntó él, curioso.
—Ay, George... Tengo ojos en la nuca, ¿sabes?, Y desde que terminé con ella que no dejas de mirarla con doble intención.
—Pues entonces deberías cortarte el pelo porque no llegas a ver bien, con ninguno de tus "dos pares de ojos". La que me mira es ella. Pero supongo que tiene sentido, ¿no?
—¿Qué cosa?
—Al fin se dio cuenta de quién es el más guapo y sexy de los dos.
—¡Ja, claro! —rió sarcásticamente Fred, divertido por el comentario—. Despecho, despecho...
—Bueno, pero... ¿a qué te refieres con eso de "abusador de menores"? ¡Eres el menos indicado para decirme eso cuando tú te estás viendo con...!
—Tu chica es mucho menor que ella... —interrumpió Fred, cortantemente y sin dejarlo terminar de hablar—. Demelza es una pequeña y dulce inocente... —contestó graciosamente.
—Sólo es dos años menor, exagerado —agregó George, mirándolo escépticamente—; y no estoy seguro de que tan inocente pueda ser —se jactó él, dibujando una maliciosa sonrisa—. Además, Harry y Ginny están juntos y sin embargo...
—Sin embargo nada —interrumpió su gemelo—. Justamente, cómo es mayor buscará otras cosas en la relación y...
Ambos se levantaron del sillón, firmes y con una mano en el corazón mirando al frente -como a punto de recitar la oración a la patria-, y dijeron al unísono: —¡Y es nuestro deber de hermano mayor protegerla!
Volvieron a echarse al sillón, y después de mirar a ambos lados para comprobar que Angelina ya se hubiese marchado y que Verity no estuviera cerca, George habló.
—Entonces... ¿la tienes?
—Lista y preparada para la acción —contestó Fred—. Mañana podremos colarnos dentro de Hogwarts por el pasadizo en la estatua de la bruja jorobada y le echamos un poco en su jugo de calabaza.
—Mejor. Prefiero que Ginny se mantenga intacta el mayor tiempo posible.
—Aunque ya hayan pasado por ella Corner...
—Y Thomas...
—Y ahora Potter. Lo lamento por Harry —se apenó Fred—. Odio tener que hacerle esto a él también.
—Es necesario —contestó George con voz firme y grave, sobreactuando el papel de hermano protector.
—¿No crees que sea demasiado extremista echarle esto a la posión? —preguntó Fred sacudiendo un pequeño frasco de vidrio que acaba de sacar de su bolsillo, en el cual se podía leer la leyenda "virus del Herpes".
Ambos dudaron un instante, pero luego espetaron juntos la conclusión.
—Naaa...
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